La Gran Vía, una de las avenidas más importantes del Madrid actual, es una creación de relativa reciente factura. Como veremos más adelante, el proyecto nació a principios de este siglo XX con motivaciones diversas, aunque la principal fue la de dotar de comunicaciones a la próspera parte noroeste de la ciudad con el centro de la misma.
La construcción de la Gran Vía se inserta en la preocupación por conseguir una viabilidad adecuada en Madrid, que movió durante toda la segunda mitad del siglo pasado a buscar aquellos trazados que pudieran solucionar el problema que se venía planteando, dada la transformación económica y demográfica producida en el Madrid de aquellos años. Lo que instó a pensar en un ensanche de la Villa hizo que se propusieran, bien privada bien oficialmente, proyectos de grandes vías que enlazaran puntos vitales dentro del casco antiguo o de éste con el ensanche.
Es indudable la importancia de la Gran Vía, ya que se ha convertido en uno de los sectores urbanos más relevantes, punto neurálgico dentro del mundo financiero y comercial matritense. Basta con darse un paseo por la zona, por ejemplo, bajando el tramo entre la Plaza del Callao y la Plaza de España para darse cuenta de este hecho. Múltiples comercios, bancos, oficinas, etc., se alinean a ambos lados de la calle, otorgando, por consiguiente, una imagen de prosperidad que se ve realzada por la majestuosidad de algunos edificios, tales como el de Telefónica, inaugurado en el año 1929.
El lado turístico de la Gran Vía tampoco es nada desdeñable, ya que se halla sita en ese fundamental eje que configura la Plaza de España, la Puerta del Sol y el conjunto monumental de la zona del Prado, con el Museo del mismo nombre o el Parque del Retiro a la cabeza.
Como también podremos comprobar, la edificación de la avenida no estuvo exenta de vicisitudes, debido en gran parte a la ingente cantidad de estructuras para demoler y la amplia distancia que supone, como bien sabemos a causa de línea de autobús 133, recorrer el tramo que nos ocupa. Dichas dificultades para hacer realidad tan acariciado proyecto fueron debidas entre otras razones a la sempiterna escasez presupuestaria del Ayuntamiento de Madrid y a la debilidad de la demanda. Desde 1862, año en el que Carlos Velasco pergeñó el primer proyecto, y 1926, fecha de inicio de los derribos correspondientes al último de los tramos (Avenida A o calle de Eduardo Dato), transcurrieron 64 largos años, que nos informan de las dificultades que tuvo que afrontar la realización de una operación urbanística imprescindible para el crecimiento que Madrid venía registrando desde la segunda mitad del siglo XIX.
Nuestro propósito es, por tanto, ofrecer al lector de este trabajo una visión breve y clara, somera pero instructiva, de la génesis y desarrollo hasta hoy de lo que es una de las más importantes arterias de nuestra ciudad, ubicada en el corazón mismo de la urbe. Para ello, aportaremos también un repertorio fotográfico de gran utilidad y que ofrecerá una evolución visual del crecimiento de la Gran Vía.