El tráfico de hostias consagradas va en aumento y uno de los países donde el negocio es más rentable es España, según los datos de la Penitenciaría Apostólica. Las hostias robadas en las iglesias son utilizadas para celebrar misas satánicas y su precio en el mercado es elevado aunque varía mucho. Las más caras son las consagradas por el propio Papa Benedicto XVI. El robo de hostias es el pecado más común entre los que llegan al tribunal de la Penitenciaría Apostólica, que se ocupa de las faltas más graves confesadas por los fieles católicos y que no pueden ser perdonadas por los párrocos. La Penitenciaría Apostólica también ha de intervenir en la absolución de pecados como la violación del secreto de confesión por parte de un sacerdote, los pecados de carácter sexual graves, el nombramiento de obispos sin consentimiento de la Iglesia o en casos de agresión al Papa.