Tinta negra como la oscuridad de la madrugada trágica. «Todo el pueblo de Ribadelago arrasado por una terrible inundación» titulaba, a cinco columnas y con grandes caracteres, el Correo de Zamora en la portada de su edición del 9 de enero de 1959, horas después de producirse, de madrugada, la rotura de la presa de Vega de Tera, arrasando la pequeña localidad ribereña y cobrándose, en un abrir y cerrar de ojos, 144 vidas humanas. El viejo periódico centenario, que años antes había abanderado la oposición a los planes del Gobierno de llevar a cabo la explotación hidroeléctrica del Lago de Sanabria, respondió con rapidez y reflejos informativos a la noticia del día, a la mayor tragedia de la historia contemporánea en esta provincia.
La misma noche de la rotura de la presa, Fidel Castro había entrado triunfal en La Habana, y el Correo refleja también esa noticia en aquella histórica primera página, con una foto del líder de la Revolución cubana participando en un bautizo de campaña a cargo del padre Sardina, uno de los sacerdotes que se sumaron a la rebelión castrista. No faltaban en la portada noticias de tono rosa, como la que refería el titular «Se extiende a París la batalla de las faldas de las azafatas», en alusión a la polémica ocasionada por la decisión de la aerolínea norteamericana TWA de marcar la medida de los vestidos de las auxiliares de vuelo, que según la crónica del día «deben llegar exactamente a una distancia de catorce pulgadas, 35,5 centímetros, del suelo».
El periódico reanudaba ese día su folletín "Quo Vadis", suspendido por la avería de una de las linotipias del diario. Y entonces, igual que hoy, se recrudecía la situación política en Oriente Medio, a cuenta de la disputa sobre la propiedad del Canal de Suez, entre Egipto y Gran Bretaña. Entonces, igual que hoy, era viernes.
La crónica de urgencia del suceso refería en sus primeras líneas que «en la madrugada de hoy, la presa llamada de la Vega de Tera que forma parte del complejo hidroeléctrico de Moncabril, se ha roto -sin que se conozcan las causas- desbordándose torrencialmente las aguas que remansaba. Según las primera noticias recibidas en el Gobierno Civil alrededor de las siete de la mañana, todo el pueblecito de Ribadelago y las instalaciones de la empresa Moncabril en las inmediaciones del Lago de Sanabria han sido arrasadas por las aguas. Se desconoce el número de las víctimas, pero se teme que ha de ser elevado».
De la capital parten, tan pronto como se conoce el alcance del suceso, según relata el Correo, una sección del Regimiento de Infantería Toledo y el equipo de zapadores del Ayuntamiento de Zamora «con barcas y abundante material». La Sección Femenina y Auxilio Social mandan a Sanabria «varios camiones con ropa y víveres».
El relato de la tragedia continúa en las "tripas" del periódico con tanta profusión como en la portada, un alarde para lo que era la costumbre de la época y pese a la escasez de medios técnicos. «Catástrofe en Sanabria» titula el periodista en la segunda página del diario y en la tercera se destaca, de nuevo a cinco columnas, que «la rotura de la presa de Vega de Tera produjo un terrible estampido», el provocado por el estruendo de un tsunami de ocho millones de metros cúbicos de agua liberados de golpe y en cascada sobre el cañón del Tera.
Las noticias siguen llegando, se sigue fundiendo plomo para llevar a los lectores los ecos de la tragedia. Tanto es así que si en portada no se aventura el número de víctimas mortales, en las últimas líneas del día ya se apunta a que los muertos «son más de cien». Narra el autor de la crónica periodística que el párroco de la localidad «al escuchar el griterío de las gentes, salió apresuradamente de su casa y con el agua hasta el pecho consiguió llegar, con riesgo de su vida, hasta el templo y penetrar en su interior hasta el altar, arrancando trabajosamente el Sagrario para poner a salvo las Formas Consagradas».
La primera fotografía obtenida horas después de la catástrofe se publica en el diario zamorano un día después, el sábado diez de enero, en portada. En la imagen se contempla a fuerzas del Ejército y de la Guardia Civil acompañadas de vecinos de la localidad, supervivientes de la tragedia, desescombrando entre los restos de la localidad anegada. Las aguas aún no han bajado de nivel.