El neoyorquino Paul Krugman no ganó el premio Nobel de Economía en 2008 y antes el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2004) por andarse por las ramas cuando enseña en Princeton o escribe en su columna del "New York Times", generalmente contra las políticas neoconservadoras y a favor, al menos ante esta crisis global, de la intervención pública en la economía. Ayer, en Madrid y ante el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, Krugman tampoco se anduvo por las ramas y advirtió de que las perspectivas de la economía europea en su conjunto y de la española en particular son «aterradoras» y requieren «medidas drásticas», herramientas distintas a las convencionales, que, reflexionó, no se están mostrando eficaces.
Paul Krugman (Nueva York, 1953), etiquetado como un pensador económico rebelde y heredero de las tesis del keynesianismo, participó ayer, junto al propio Zapatero, en el foro "Innovae: La innovación como solución". Antes, desayunó en el palacio de la Moncloa con el presidente del Gobierno. Zapatero y Krugman coincidieron allí en la necesidad de emprender reformas de largo alcance para favorecer la salida de la actual crisis financiera y económica internacional. Y el Presidente anticipó al Nobel estadounidense que su Ejecutivo pondrá en marcha próximamente «reformas estructurales» que se enmarcarán en el llamado "plan E", la estrategia que engloba todas las políticas económicas, financieras y fiscales que el Gobierno trata de impulsar para recuperar la senda de crecimiento y creación de empleo.
En el foro "Innovae", Krugman alimentó los pronósticos menos optimistas sobre el cuadro clínico de España. Insistió en las ideas que expuso el viernes pasado en Sevilla, en que el panorama español es «especialmente difícil». Vaticinó que los próximos años va a serlo «aún más» y advirtió de que el déficit va a ser «muy grande» y la situación, en general, «muy dolorosa».
Las especiales dificultades de España, expuso el economista, derivan de la combinación de varios factores singulares: la caída de la actividad en el sector de la construcción, el déficit por cuenta corriente (necesidad de financiación externa) y el excesivo endeudamiento de empresas y familias.
¿Cómo será el camino de España para dejar atrás la recesión? «Doloroso», resumió Krugman, tras insistir en la receta, también dolorosa, que ya había sugerido en Sevilla: rebajar los precios y los salarios, «una medida muy impopular», apostilló. «La caída de la inversión afecta a toda Europa, pero más en España», ha enfatizado en Madrid el máximo exponente de los neokeynesianos.
Otra gran pregunta para los gurús económicos del momento: ¿cuánto va a durar esta crisis? El gurú Krugman contradijo ayer las expectativas de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, quien ha defendido que su país evitará la depresión y verá la luz a finales de este mismo año. «Aunque en términos técnicos pueda ser así, recuperar los niveles de empleo que existían a principios de 2007 es una cuestión más profunda; Japón perdió una década en el intento», subrayó el premio Nobel acerca de las penalidades por las que desde los años noventa ha pasado la segunda economía del mundo.
Krugman, azote de la política de Bush, ha llegado a defender incluso con entusiasmo la de Obama. La defendió también en España, aunque no sin cautelas: «Incluso si el plan de Obama tiene éxito, todavía crecerá el paro y habrá deflación», dijo. Falla, además, la respuesta global a la crisis. «Tenemos el problema de una coordinación internacional poco acertada», anotó el premio Nobel. Y recriminó al Banco Central Europeo (BCE) su «falta de políticas innovadoras». A decir de Paul Krugman, el riesgo de deflación es más claro ahora en EE UU, pero puede contagiarse a Europa «en uno o dos años».